Eighteen Seconds Before Sunrise

Systems Engineer, "photographer" (or just another guy with a camera) and trying not to take things too seriously. From Caracas, Venezuela.

Co-founder and defender of Death Squad FC.
Curator of I Love Diana Mini.
Writer at Fotónica, a Venezuelan photographic collective.

And yes, green is my favorite color.

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Hace un año escribí un artículo sobre un proyecto de ley que iba a regular el contenido en la red de acuerdo a ciertos horarios y que habría consecuencias legales para quienes fomentaran el odio y violencia en cualquier website. Este artículo se salvó gracias a varios reblogs (créditos al pana loas por el link), porque pertenecía a mi antiguo tlog. Recordé este artículo gracias a esta locura llamada SOPA, que tiene a todo el mundo de cabeza.

No voy a hablar de qué es la SOPA. Hay videos, foros y bastante material para conocer este proyecto de ley que funcionará como la inquisición en la época medieval. Para que no digan que soy mala gente, acá un link para que conozcan a SOPA y PIPA. Volviendo al tema, me sorprende mucho la actitud de muchas personas que viven en mi lindo país sobre SOPA y la posición de las corporaciones creadoras y distribuidoras de contenidos multimedia. por tanto comencé a hacer una reflexión.

Cuando Venezuela tenía una economía libre, a diferencia de la actual (que es bastante restringida) pero igual de pobre, existían tiendas como Town Records, Yamin Video Center, Blockbuster y Recordland (ésta última todavía existe) donde vendían películas y discos de música. Entrabas a esa tienda y encontrabas, como siempre, el estante de “lo más actual”, y encontrabas, como es de esperar, lo que sonaba en esos momentos en la radio. Los precios no eran costosos, pero si eres como yo, sabes que para esa época era difícil comprarlos a menos que tus padres aprobaran la compra de uno de estos discos, y me refiero a que éramos niños y solo pensábamos en cómo carajo hicieron el video de The Memory Remains, de Metallica.

Venezuela, por ser un país tropical y cuyos inversionistas privados parecen ser sacados de la misma máquina, decidieron como siempre darle apoyo a lo más sonado en la región caribeña. Los discos de Guns N’ Roses fueron rápidamente reemplazados por los de Sandy y Papo, el estante de “lo más actual” fue ocupado por discos de Ricardo Arjona, Fey y cualquier grupo mierdero del Ecuador hacia México. Era más fácil encontrar un disco de Eiffel 65 (y el maldito tema de los aliens azules) que uno de Paul Oakenfold. Y así, Venezuela se fue hundiendo en esta mediocridad musical, donde ser bonito era más importante que un solo de guitarra bien ejecutado.

A pesar que lo que mundialmente comercial no tenía (y no tendrá) cabida en Venezuela, existieron las formas de encontrar estos discos que nadie tenía en venta. Luego del peo llamado Napster y la popularización de los programas P2P, el esquema de adquisición de música cambió. Si tenías una copia de algún disco o programa, podías compartirlo con todo el mundo. FUCK! Esto fue tan revolucionario como la invención del teléfono. Usabas tu modem US Robotics de 33.6 kbps para descargar toda una noche un archivo MP3 de cualquier artista, y rezabas al dios de turno para que tu hermana no descolgara el teléfono. El internet banda ancha se hizo popular y accesible gracias a los cybercafés, al igual que las quemadoras de CD y luego los pen drive, todo esto facilitó los caminos de comunicación e intercambio de información. Escuchabas nuevas bandas gracias a MP3.com, las emisoras de radio que usaban la plataforma Shoutcast o solo al leer Rolling Stone o Pitchfork. No te conformabas con oír a Caramelos de Cianuro en la radio, y así comenzaste a buscar más y más. Pudiste llenar tus discos con cientos de MP3, videos, programas, lo que sea, sin problema alguno.

Cualquiera imagina que esto generó pérdidas en las industrias que producían estos contenidos. Pues no. No es pérdida, sino que no reportaron estas ganancias, así de fácil. Cuando comprabas un disco, comprabas el artículo físico, booklet (o cancionario) y si era un enhanced cd, venía con una aplicación o con videos. Si adquiriste el medio de manera digital (legalemente o no), le ahorraste a las disqueras invertir más plata en plástico y papel. Igualmente, fuiste a ver a tu artista favorito en vivo, y tanto él como la disquera igual ganaron plata por regalías, venta de tickets y sponsorship. La venta de música digital nació porque era más rentable vender música de esta forma. No habían terceros que pensaban “Hey, Olga Tañón llena más el Poliedro que Metallica”. El que quería, lo pagaba; si no, lo descargaba pirata de la red e igual la disquera ganaba por todo lo que he mencionado anteriormente.

Lo mismo pasa con las empresas de software, películas y cualquier contenido multimedia. Porque a final de cuenta, no se trata si pagaste o no, porque ellos igualmente ganan. En los casinos, “la casa siempre gana”, así hayas acertado en black jack o la máquina tragamonedas. Si existe internet, que es el que te facilitó la manera de hacer negocios, colocar una restricción de contenido por temor a que sea pirata es una bofetada al modelo de negocios actual. No hablemos del respeto al “derecho de autor”. Son pocos artistas cuyo copyright está a nombre del mismo artista (creo que Michael Jackson se sale de la norma, pero está muerto). Si los verdaderos músicos, en este caso, se interesaran por su material y cómo llega a la gente, deberían licenciar el contenido con una licencia Creative Commons. No habrían restricciones y tendrían más alcance a nivel mundial.

Por ejemplo, los videos de Lady Gaga son los más vistos en Youtube. Si colocas un link de una publicidad que por cada click te genera un dólar de ganancia, y de 100 millones de personas que han visto el video, 50 millones le dan click, BINGO! negocio redondo, ganaste 50 millones de dólares con una etiqueta de html con un enlace. Sin necesidad de vender, ni de llenar estadios, ni de esperar que los malparidos de Recordland se dignen a quitar a Arjona del estante de “lo más actual”.

La casa siempre gana. Por eso la ley SOPA no tiene sentido, a menos que a esta gente realmente se le hayan acabado los billetes de 100$ para limpiarse el culo y prender habanos.

PostData: Obvio, como programador, me interesa qué pasa con el código que he creado. No he hecho desarrollos importantes fuera del ámbito laboral, y si lo hiciera, sería contenido libre. Algo que aprendí hace mucho tiempo es que si eres bueno, hay alguien que es mejor que tú, y ese intercambio de ideas con personas que se interesan por lo que haces, que te dan feedback, ayuda a que tus contenidos vayan mejorando poco a poco con el paso del tiempo. ¿Ganancia económica por lo que hago? Si soy bueno, la gente paga por ello, ya sea por un monto para acceder al programa o por donaciones. Nuevamente, la casa siempre gana.

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    No por acceder al programa, no por donaciones. Support, cuando alguien tiene problemas con
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